Si me sumerjo en un fugaz, exponencial e irreverente quehacer aventurero siendo fiel a lo añorado por el que escribe ante la posibilidad que no tuve en la infancia de imitar en ejemplo la tendencia de Robin Hood para con los suyos, ahondando en mis divagaciones, he de atribuirme la personalidad y la jactancia del mejor de los jueces defensores de los materiales portadores de contenidos y lexicografía, o sea de los libros, para de esta manera clarificar mis intenciones permitiéndome rememorar a modo de mofa, una frase del cruel dictador del III Reich que decía: "Leer no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin", bien señor Gran Dictador, tuviste nombre pero ni mucho menos criterios extra-bélicos, porque ni en el mundo más racional, con más moralidad, y criterio inteligente hubieses pensado que esta sapiente intervención resumiría tu nulo conocimiento acerca de lo que es un libro; los has olido, ¿bonita sensación verdad?, has sido un activista de absolutistas pretensiones en la era de Gütemberg, pero hago eco de esta frase de paupérrimas prestaciones y no te retiro el mérito de leer mis criterios y modos de analizar, para así, mostrarte un pequeño ápice de afecto, porque eso a lo que llaman Dios tiraba de retórica y con aclamada extensión de pirexia decía: "Haz el bien y perdona a los que hacen mal", o algo similar, porque es que soy reacio y siento alergia desde que empecé a estudiar ética y religión a las típicas parafernalias explicativas y fomentadas en la enumeración de estos libros; y mor de mi estilo carente de cualquier rencor entono un "olé" por lo que dijiste, porque tirando de las matemáticas exactas y reduciendo mi percepción insulsa hacia las mismas, se ha comprobado que el libro resiste la tormenta, que estos no van a desaparecer en el ambiente tecnológico que se desarolla aprisa, que esto que pronunciaste te catapultará hacia la sede de fama fecal en ideas y criterios, porque las juventudes no hitlerianas, sino democráticas; siempre sabrán como con una sencilla frase llegaste a los mínimos infinitos de credibilidad, y por último, no quiero dejar en el tintero esta maravillosa frase de André Maurois, que todo lo resume: "La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta", sin embargo; ¡tú no tuviste alma!


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